La canción le puso de buen humor y el café le devolvió una suerte de plenitud corporal que ya había olvidado. Pero cuando salió a la calle, y observó a los transeúntes y miró los semáforos y contempló la torpe circulación automovilística, volvió a sentir que se trataba de una realidad condenada a muerte. Encendió el canuto y bajó por María de Molina hacia la Castellana. Los efectos del hachís fueron a concentrarse en la frente; imaginó que se trataba de una frente de cristal a través de la cual podía contemplarse una masa encefálica de tonos verdes y amarillos que evolucionaban de manera insensible hacia el marrón y el negro. Repitió mentalmente una estrofa de la canción (imagínate en un tren, en una estación con porteros de plastilina y corbata de cristal, alguien aparece en la taquilla..), pero la plenitud anterior había dado paso ya a un malestar que tendía a concentrarse en los órganos huecos de su cuerpo, especialmente en el estómago.
..Hace mucho calor estos días y la gente anda como si fuera feliz por la proximidad de las vacaciones. Me alegro mucho de no tener vacaciones este año y sólo espero que todo el mundo abandone Madrid para quedarme sola y dejarme invadir por el futuro. El futuro es un bulto que ha empezado a crecer en alguna parte de mí y al que alimentaré como a un hijo. Se trata de que al final haya merecido la pena haber vivido.
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